DIVULGACIÓN NÁUTICA

EL MARAVILLOSO CIELO DE VERANO

La bóveda celeste.

Si en una de estas tranquilas noches de verano nos quedamos contemplando el cielo, nos da la impresión de que estamos dentro de una enorme cúpula de cristal y que en ella están colocadas las estrellas, planetas y la Luna. Es un espectáculo que cuanto más se mira más se disfruta de la grandiosidad del firmamento.

Vemos salir los astros por oriente, van ganando altura y una vez pasado el meridiano superior del observador, van perdiendo altura y se ponen por occidente. Esto es el movimiento aparente de los astros, porque en realidad, la que se mueve es la Tierra que lo hace alrededor de un eje que apunta aproximadamente hacia la estrella Polar y cuyo giro es de oeste a este.

El triángulo de verano.

En el verano boreal destacan en el cielo tres brillantes estrellas que forman el llamado "triángulo de verano", formado por la estrella Deneb (de la constelación del Cisne), la estrella Vega (de la Lira) y la estrella Altair (de la constelación del Águila).

Atraviesa el triángulo la Vía Láctea o Camino de Santiago, de aspecto lechoso, que se debe al conjunto de millones de estrellas, nebulosas de emisión de hidrógeno ionizado y cúmulos estelares.

Estrellas que nunca se ponen o circumpolares.

Son los astros que siempre están sobre el horizonte del observador y no tienen orto ni ocaso. En latitudes medias y altas, las estrellas que forman la Osa Mayor, la Osa Menor y Casiopea, giran alrededor de la estrella Polar y no se ponen nunca. En cambio, para un observador situado en el ecuador no existen astros circumpolares y todos tienen orto y ocaso.

Si el observador se situara en el polo Norte o cerca de él, todos los astros que vería en el cielo no tendrían orto ni ocaso, todos serían circumpolares, incluido el Sol en el verano boreal. (Estudios Náuticos Costa, Formentera).

Publicado el día 07/07/2009


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